059- No cometerás actos impuros…

Publicado: 04/08/2010 en Blog

…Hay visiones que son como un rayo que nos traslada a otras visiones mas lejanas. Imágenes inoportunas, rescatadas de la ausencia y del olvido, que vuelven de pronto. El hombre ha mirado los labios de la mujer mientras se comía la ostra. Los ha mirado, no los ha visto, que puede parecer lo mismo pero no lo es. Mirar quiere decir fijarse, estar atento, entretenerse en la contemplación de la cosa observada. Ver es dejar pasar de largo. Vemos muchas personas, lugares, objetos. Solo miramos algunos. La pupila los captura, quedan impresos, nos acompañan. El ha mirado el movimiento leve de los labios que ha ido adquiriendo, curiosa mimesis, la forma de una concha. Entonces ha recordado otros labios: los de su primer beso. Fue un beso de saliva y mordiscos. Un intento por comerse la boca del otro, una prueba hecha con poca mañana y toda la avidez del mundo. Las ganas de tragarse unos labios como si fuesen la pulpa de esa ostra que acaba de ver temblar y desaparecer, aunque en esa época no comieran ostras. Estaban en un cine con una bolsa de palomitas en la mano y una profunda sed de saliva. La chica llevaba la falda verde y la camisa blanca del uniforme de la escuela. El maldecía el mundo, porque los nervios, que siempre lo traicionaban, le hacían sudar las manos. Se notaba las manos como dos sustancias ajenas. Hechas de una materia gelatinosa que le causaba cierta inquietud. A decir verdad, odiaba esas manos, ¿como podía alargarlas hasta las de ella, superando el obstáculo de la maleta que había entre los dos, y acariciarle la punta de los dedos, si se los dejaría empapados de sudor? Se lo pregunto muchas veces, mientras la pantalla proyectaba secuencias que solo era capaz de captar aisladamente, sin seguir su hilo conductor. Pero no le hicieron falta las manos. Solo una aproximación de los cuerpos, que se buscaban pese a ellos mismos, pese a las tácticas, los miedos y la voluntad. De pronto, un gesto los acerco y el beso fue enorme, muy largo.

Un beso que era una mezcla de sabores y de aromas. La lengua haciendo un recorrido por los rincones de la lengua del otro, una exploración golosa, de afán y de presa. Un camino que se fue volviendo lento, cuando el trayecto se detenía a seguir los dientes, las encías, el paladar. Las lenguas que se encuentran y trazan círculos: primero diminutos, luego frenéticos. Las lenguas que trazan espirales, que avanzan hacia delante y hacia atrás. Los rostros humedecidos de saliva, porque una pequeña lluvia brota de las bocas transformadas en fuentes. Besarse es apoderarse del otro y permitir que el otro te tome entero. La boca tiene la avidez de un sexo abierto, palpitante, pero a la vez, es como un arco de violín que se arquea y dibuja sonidos en el aire. Besarse es unir dos rostros, acercar los poros de las pieles, que respiran, quizás al unísono. Es sentir en la suavidad de la piel otra piel mucho mas dulce; o capturar en la rabia de un bocado los labios que quisiéramos romper para beber su sangre. Un poema de Rois de Corella que habla de un beso entre un dios y una ninfa. Ella lleva un confite entre los labios; el pretende robárselo. En el afán y las delicias del beso, se produce el mordisco. Un bocado que hace salir una gota de sangre de los labios de la mujer. El enamorado cree que traga el caramelo, porque la sangre sabe a néctar. Besarse es descubrir un espacio inesperado, un jardín donde vale la pena perderse por un laberinto de ganas. Hambre y deseo de besarse, la vida y la muerte en los labios, cuando el corazón late con fuerza.

El hombre que come ostras en un restaurante elegante vuelve a la mesa que ocupa. Se había alejado por un instante. ¿cuantas sensaciones perduran cuando creíamos que su rastro se había perdido? ¿Con que prodigiosa habilidad vuelven para recordarnos que nunca se pierden del todo?. Ve a la mujer sentada frente a el que acaba de hacer algún comentario intrascendente sobre algún tema sin importancia. Entonces se pregunta, con un poco de angustia, si todavía debe haber, tantos años después, algún rastro de saliva – aunque solo sea una migaja- de aquella adolescente en su boca. Le gusta pensar que si, aunque sea mentira.

María de la Pau Janer, “No cometerás actos impuros”

…estefafdez…

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